Resulta curioso ver como buena parte de las novias presentan el día de su boda un aspecto bastante alejado de su imagen habitual.
Es lógico suponer que deseen ofrecer una imagen muy especial en ese día tan importante, pero ¿por qué recurrir a artificios?
No es raro encontrarse en una boda en el que la novia no se encuentra completamente a gusto con su imagen, usualmente por haber elegido un peinado, un maquillaje, o incluso un vestido, que no acaban de encajar con su personalidad. Una novia que en su día a día lleve el pelo bastante suelto o use poco maquillaje inevitablemente tendrá un aspecto poco natural con un peinado muy elaborado y el rostro completamente cubierto de maquillaje. Y es posible que eso llegue a reflejarse en su estado de ánimo a lo largo de la celebración.
La naturalidad no implica descuido, tengámoslo en cuenta. No hay que fingir lo que no se es.